LA SUPERVIVENCIA DEL MOA
En el pasado, Nueva Zelanda era el hogar de toda una familia de grandes aves apteras, los dinornitios. El más grande de ellos, Dinornis Maximus, que debía parecerse a un avestruz o un casuario de más de 3 metros de altura, era llamado Moa por los indígenas maoríes que lo cazaban todavía hace algunos siglos, según sus leyendas.
En la actualidad, especialmente en la Isla del Sur, continúan los rumores sobre la supervivencia actual del Moa.
Los informes disponibles parecen referirse a dos tipos de criaturas:
- una gran Moa, de 2 a 3 m de altura, conocido sobre todo por la tradición maorí, pero también quizás por algunos vagos testimonios de colonos británicos que podrían ser fraudulentos La supervivencia del Dinornis Maximus hasta la época histórica sigue siendo muy problemática.
- y un pequeño Moa, de menos de un metro de altura, conocido por los maoríes como Moa-Roa, cuya existencia está corroborada por testimonios circunstanciales. Estos informes podrían explicarse por la reciente supervivencia de pequeños dinornitios, como Megalapteryx o Anomalopteryx.
Testimonio; Precisamente uno de los testimonios ahora mejor conocido sobre la posible supervivencia de Megalapteryx didinus a finales del siglo XIX en la isla sur fue dado a conocer por el prestigioso ornitólogo neozelandés Robert A. Falla en la obra "A new dictionary of birds" de 1964. Es el testimonio de Mrs Alice McKenzie, quien nació y pasó su infancia en la bahía Martins. Cuando tenía 7 años, hacia 1880, se encontraba sentada en una duna de arena costera frente al bosque mientras esperaba a su hermano, el cual estaba reuniendo el ganado. Pudo ver frente a ella un ave de color azul oscuro de unos 3,5 pies de altura, grandes ojos saltones, pico ancho y potentes piernas escamosas con 3 garras en cada pie. Hizo un intento de atraparlo pero él respondió amagando con atacarla, por lo que corrió en dirección a su casa. En 1889 ella y su hermano volvieron a ver al extraño ave. Cuando en 1948 fue redescubierto el "takahe" (Porphyrio mantelli), la señora McKenzie examinó un ejemplar, descartando la posibilidad de que aquel fuese el ave que ella había visto en 1880 y 1889 debido a que "su apariencia era totalmente diferente, especialmente en lo que concernía al color de sus patas".


No hay comentarios:
Publicar un comentario